
Desde mi terraza
Hay quien desprecia el trabajo “fundamentalmente no intelectual” por mecánico y, por ende, supuestamente tedioso. Yo siempre he sostenido, sin embargo, que posee una virtud extraordinaria: la de poder disociar la mente del cuerpo mientras se lleva a cabo, con la libertad que ello supone. Esa misma disociación puede acarrear auténticos estragos aplicada al trabajo “fundamentalmente intelectual”, por lo cual resulta un lujo no permisible.
Seguramente, los actos más sublimes que pueda llevar a cabo el Hombre requerirán una perfecta conjunción de la mente y el cuerpo. Me viene a la cabeza,
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