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Carolina

Enviado por Julio el 25/04/2008 a las 10:36
Julio

En respuesta al comentario de mi "contacto" de nombre Carolina :

Creo que subyace una moraleja muy clara en la letra de “You Were Always On My Mind”: la necesidad de mimar a nuestra pareja, de cuidar y alimentar el amor que nos une a ella. Para mí hay otra, además, quizá más sutil y por ello no siempre apreciada: el peligro de dar nuestros sentimientos por sabidos, por sobreentendidos.

Una vez extinguida, o al menos atenuada, la llama que inflama la pasión inicial, propendemos a instalarlos en la rutina, sucumbiendo a la trampa de la cotidianeidad. ¿Para qué pronunciar esas palabras que nuestra pareja ya conoce? ¿Para qué hacer esos innecesarios pequeños o grandes gestos cargados de simbolismo? ¿Acaso no sabe ya de sobra lo que sentimos por ella?

Pues no, a lo mejor no lo sabe, e incluso aunque lo sepa o intuya hay que decir esas palabras y realizar esos gestos. Pronunciar un “te quiero” alto y claro de vez en cuando. Y no basta un tímido “yo a ti también” cuando lo escuchamos de su boca. No tiene el mismo valor un “te quiero” que un “yo a ti también”, porque el primero es un acto espontáneo que nace del corazón, mientras que el segundo es un acto reflexivo que nace de la conciencia… o de la mala conciencia.

Hemos de acostumbrarnos a decir que amamos y a demostrar que amamos, pues, por utilizar una terminología que una ingeniera como tú va a comprender perfectamente, ambas son condiciones necesarias pero no suficientes por sí mismas, sin el concurso de la otra.

Tuve mi segunda “novia” a los diez años. Era una preciosa y risueña francesa de  cabellos increíblemente rubios y rizados que le cubrían más de la mitad de la espalda, ojos grandes, limpios y verdes auténtico ejemplo de expresividad, y una bonita boca de labios de fresa y blanquísimos y perfectos dientes. Las leyes por las que se gobierna la memoria son a veces muy particulares, acaso un tanto indescifrables. A menudo se desdibujan en mi recuerdo los rasgos físicos de personas que han sido importantes para mí, sin embargo conservo en mi mente la imagen de aquella niña en toda su nitidez, como si ahora mismo la estuviese viendo en una fotografía. Por cierto, se llamaba como tú, bueno, Caroline en su idioma.

La pobre se pasó todo un curso intentando agradarme, haciendo lo posible por escuchar de mi boca palabras bonitas. Me regaló un corazón sangrante dibujado sobre un pañuelo blanco de seda. Aún lo conservo. A mí me encantaba hacerla rabiar, gastarle bromas, aparentar que no me gustaba. Era divertido verla enfadarse “en Francés” o en un Español con fuerte acento de su país. Para mí era una forma de demostrarme su amor, pues al enrabietarse por las cosas que yo le decía o hacía me estaba mostrando su interés por mí.

Terminó aquel curso y tras las vacaciones de verano comenzó el siguiente. No la encontré el primer día de clase. Pregunté por ella a su mejor amiga: el padre de Carolina era diplomático y había sido destinado a otro país. Nunca volví a verla. La eché mucho de menos, mucho, y no entendí por qué no se despidió de mí, puesto que conocía mi número de teléfono. La culpé por su actitud, dudé de la autenticidad de sus sentimientos hacia mí.

Algunos años más tarde había de darme cuenta de mi error, cuando mediada mi adolescencia empecé a entender un poco de qué va esta vaina que es el amor. Fui yo quien se equivocó, al sobreentender que ella sabía que yo la quería, pero lo cierto es que nunca se lo dije, jamás le hablé de lo importante que era para mí, de lo feliz que me sentía en su compañía, de cuánto deseaba sentir su tacto y de que me moría de ganas de besarla. Ni siquiera le dije nunca lo guapísima que era. Seguramente ella nunca acertó a entender que yo la quise -¡y vaya si la quise!-, por la sencilla razón de que nunca supe demostrárselo. Me había limitado a hacerlo “a mi manera”, pero es que “su manera” de entenderlo no era “mi manera” de expresarlo, ni tenía por qué serlo.

Fue mi primer fracaso como “amante”, del cual aprendí también otra regla básica de la existencia: que la vida rara vez te concede segundas oportunidades, que los deseos no se deben diferir en espera de un momento mejor para abandonarse a ellos en un espacio y un tiempo “más propicios”, sencillamente porque ese espacio y ese tiempo idóneos no son sino el “aquí” y el “ahora”.                

Pienso que el silencio entre una pareja no conduce a nada bueno, pues nos obliga a imaginar en vez de saber, a guiarnos por intuiciones y no por certidumbres, y cuando uno imagina, a menudo tiene tendencia a tejer historias irreales.

Creo que cuando empezamos a dar por sobreentendidos nuestros sentimientos estamos sellando el certificado de muerte del amor.

El amor es un sentimiento vivo, muy vivo, y como tal necesita oxígeno para respirar, y el vacío al que conduce el silencio anula la existencia de ese componente básico que para el Ser Humano constituye el O2. Pura química. Y la química rige el amor...  

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Etiquetas:

Gracias.

Enviado por el 25/04/2008 a las 15:32
Carolina

Gracias. No sé qué más decir. Linda coincidencia que esa niña a quien tanto quisiste tuviera también mi nombre...Conseguiste que me emocionara con tu historia y que confirmara que no estoy loca por necesitar decir y oir esas palabras que nos hablan de lo que pasa en nuestras mentes y corazones.

"mi manera" no es igual a "otras maneras" de entender y expresar. Gracias por aclarármelo.

Un abrazo, con cariño.




Julio

Enviado por el 26/04/2008 a las 1:19
Patty

Que lindo escribes, eres uno de los pocos hombres romanticos que hay en este mundo, hermosa historia, y mas aun que la recuerdes.

Yo pensaba que las mujeres eramos asi de romanticas y de recordar momentos pasados, veo que estaba equivocada.-----------------
patty




Gracias, Caro y Patty...

Enviado por el 26/04/2008 a las 14:00
Julio

Caro:

Efectivamente, me pareció una bonita coincidencia que tu nombre fuese el mismo que el de aquella preciosa "novia" francesita de mi niñez, el cual, además, tiene una sonoridad muy hermosa, muy musical. Me halaga haber sido capaz de emocionarte, y que te quede muy claro que tu necesidad de saberte amada no encierra ningún rasgo de locura, sino de sensibilidad. Y te diré más: a lo largo de mis más de cuarenta años de vida no he conocido hombre alguno a quien no le gusten las mujeres sensibles. Distinto es que lo quieran o no reconocer.

Patty:

Gracias por tus halagos inmerecidos. No sé si seré un hombre romántico, pero, de serlo, estoy seguro de que hay muchíiiisimos más por el mundo. Y, por cierto, si el jovencito de la foto es tu nieto, debes de ser una abuela muy orgullosa. ¡Vaya chavalote guapo! 


Julio

Enviado por el 26/04/2008 a las 16:16
Patty

Es muy cierto que de haber hombres romanticos los hay, pero de encontrarlos es lo dificil.

Efectivamente es mi nieto y estoy tan orgullosa de el como de mis hijos.-----------------
patty




Así es ....

Enviado por el 10/05/2008 a las 2:56
Maria Lasalete Marques

Cuan cierto tu resumen, de la lección de vida... Y como duele de igual manera amar y alimentar el amor, y fantasear el amor del otro, para descubrir que talvez nunca te amo.

Pero bueno, dice que la lección no aprendida, es la no vivida y que verdad mas grande. Así es...regar el jardín que se sembro un día. No intuyendo no ser necesario pues hace dos dias llovio....

Un beso mi buen amigo Julio.-----------------

Desde mi rincón Venezolano... María Lasalete Marques






Querida María...

Enviado por el 12/05/2008 a las 12:08
Julio

No sé si mi resumen, como tú lo llamas, será o no cierto. Nunca pretendo convertir en verdades universales lo que no son sino mis pequeñas y personales sensaciones.

Es duro descubrir que no eres amado por quien creías que te amaba y a quien tú creías amar. En realidad, no estoy seguro de haber pasado por ello; quizá en una ocasión, hace ya muchos años. Lo que sí viví una vez fue algo muy extraño, que jamás había experimentado antes o, de haberlo hecho, no fui consciente en su momento: pensar que sentía amor por una persona cuando en realidad se trataba de una cierta obsesión por las circunstancias que rodeaban a esa persona. Cuando ella, con una simple frase, me abrió los ojos, no puedes imaginarte la sensación de alivio que experimenté.  Es algo muy especial que ya explicaré en otro momento con más detalle, pues pienso que puede no ser tan inusual como a primera vista tal vez parezca.

Y gracias, siempre, por dejarme constancia de tu paso por mi blog y por tus interesantes opiniones.

Un beso para ti también,

Julio.







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